La Mansión Valderrama esa noche parecía un castillo de cuento de hadas envuelto en la oscuridad de Medellín.
Miles de lámparas de cristal reflejaban la luz sobre la piscina de mármol, mientras la música de una orquesta fluía suavemente entre las risas de la élite colombiana, que asistía con vestidos de seda y trajes de gala caros.
Esta era una fiesta de victoria. Oficialmente, el evento se organizaba para celebrar la expansión de la división médica del Grupo Valderrama.
Pero en secreto, era u