La llovizna en Medellín se convirtió en una fuerte tormenta que lavaba las calles de piedra del distrito de San Javier.
Valentina bajó de un taxi corriente no del vehículo blindado de Sebastián frente a una antigua iglesia cuyas paredes habían sido desgastadas por el tiempo y el musgo.
Vestía un impermeable color crema que disimulaba la forma de su cuerpo, con el pañuelo bajado hasta cubrir parte de su rostro.
Sus pasos resonaron sobre el suelo de mármol agrietado de la iglesia.
El olor de vela