Las luces de neón del pasillo del hospital central de Bogotá parecían irritar los ojos de Valentina mientras se quitaba la mascarilla quirúrgica.
El penetrante olor a antiséptico parecía calar hasta sus huesos, recordándole aquellas noches sin dormir de cuando empezó a forjar su reputación como Directora Médica.
Sin embargo, esta vez, la victoria en el quirófano se sentía diferente; un regusto amargo le persistía en la boca.
Vale la voz de Sebastián rompió el silencio del pasillo. El hombre e