El aire nocturno en las afueras de Bogotá calaba hasta los huesos, pero la adrenalina que se respiraba en el interior de la camioneta de mando estacionada a unos cuantos cientos de metros de un edificio antiguo impedía que nadie sintiera frío.
Sebastián estaba sentado frente a una hilera de monitores, con la mirada fija y penetrante hacia la construcción, cuya información acababa de ser verificada por Miguel.
Se trataba del tercer almacén, el lugar donde Ricardo ocultaba las pruebas físicas m