Mundo ficciónIniciar sesiónCuando cada segundo es una vida, la velocidad se convierte en oración.
Marcus ajustó el auricular mientras corría hacia el vehículo blindado, sus botas resonando contra el asfalto húmedo del hospital. Samuel ya había puesto en marcha el motor, el rugido del motor ahogando parcialmente los gritos desesperados que llegaban desde la ventana de la habitación de Catalina.
—¿Tienes las coordenadas? —preguntó Marcus al subir al asiento del copiloto.
—Viktor las envió hace treinta segundos. Complejo industrial a las afueras, sector 7. —Samuel pisó el acelerador, las llantas chirriando contra el pavimento—. Dice que hay un acceso lateral sin vigilancia.
El teléfono de Marcus vibró. Era Alejandro.
—¿Situación?
—Empeorando. —La voz de Alejandro sonaba tensa, controlada pero al borde del quiebre—.







