Mundo ficciónIniciar sesiónEntre el veneno y su cura, hay un territorio llamado agonía.
El monitor cardíaco emitía pitidos irregulares mientras el doctor Hernández trabajaba con manos expertas sobre el cuerpo inmóvil de Catalina. Las luces fluorescentes del hospital privado creaban sombras duras en su rostro concentrado, cada línea de expresión revelando la gravedad de la situación.
—Presión arterial cayendo —anunció la enfermera, su voz tensa cortando el aire cargado de antiséptico—. Ochenta sobre cuarenta y descendiendo.
Alejandro observaba desde el cristal de la sala de emergencias, sus nudillos blancos contra el marco de la puerta. Marcus permanecía a su lado, estudiando cada movimiento del equipo médico con la intensidad de quien había visto demasiadas batallas perdidas.
—Los análisis de sangre están listos —gritó un técnic







