Mundo ficciónIniciar sesiónEl Mercedes negro se deslizó por las calles vacías de la madrugada como un fantasma de metal y cristal. En el asiento trasero, Camila permanecía tan inmóvil que podría haberse confundido con una estatua. Sus manos descansaban sobre su regazo, perfectamente compuestas, pero sus nudillos estaban blancos por la presión que ejercía contra sus propios dedos.
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