Mundo ficciónIniciar sesiónLas horas se arrastraban con la lentitud cruel del tiempo cuando cada segundo importa pero ninguno trae respuestas. Catalina permanecía en la silla junto a la cama de Laurent, sus dedos entrelazados con los de él, observando el subir y bajar mecánico de su pecho mientras las máquinas continuaban su coro monótono de pitidos y zumbidos.







