Las tres semanas previas al juicio pasaron como pasan las cosas importantes: deprisa por fuera y muy despacio por dentro.
Valeria había convertido el estudio de la mansión en un cuarto de guerra. Sobre la mesa grande que antes usaba Alejandro para firmar contratos que no le pertenecían, ahora se apilaban carpetas organizadas por colores, copias del contrato matrimonial, el informe del detective, las pruebas que Sofía había entregado meses atrás y los resultados de ADN que el doctor Rivas había