Capítulo 24.
Valeria
Me desperté antes del amanecer. No sé si realmente dormí o si mi cuerpo simplemente se rindió unas horas entre recuerdos y pesadillas. Abrí los ojos y sentí que el techo de mi habitación se me venía encima. La mente me repetía una y otra vez la misma imagen: una niña, mi niña, con los ojos llenos de miedo en manos de desconocidos.
Me levanté casi de golpe, el corazón latiendo con furia. El agua de la ducha cayó helada sobre mi piel, pero ni siquiera así logré apaciguar el incendio que me consumía por dentro. Me maquillé para disimular el desastre que llevaba en el rostro: las ojeras profundas, los ojos enrojecidos, la palidez. Nadie debía notar que me estaba desmoronando.
Salí con pasos rápidos de la habitación. Quería estar en la empresa cuanto antes. Tenía que estar lista cuando esos malditos llamaran.
—Mi señora, buenos días —dijo Ana, entrando con una bandeja en las manos—. Le traje su desayuno.
La miré con un nudo en la garganta.
—Gracias, Ana. No comeré mucho, tengo pris