Capítulo 16.
Valeria
La limusina negra se detuvo frente a mi mansión con un sigilo que me puso nerviosa. El chófer descendió, abrió la puerta trasera y entonces lo vi: Armando Martínez, impecable, imponente, dueño absoluto de cada mirada que lo rozaba.
No esperaba que viniera a recogerme. Su sola presencia, con ese traje negro que parecía hecho para él, hizo que mis pensamientos se desordenaran.
—Buenas noches, Valeria —dijo con esa voz grave que siempre me cala en los huesos—. Espero que no le incomode que