CRHIS.
Me quedo inmóvil en la silla de cuero, con la luz tenue de la sala de conferencias proyectando sombras alargadas sobre la mesa de cristal. Aura descansa por fin; su respiración es pausada y profunda, interrumpida solo por algún suspiro leve debido al sedante. Sigo sujetando su mano, pero mi atención está dividida.
En la palma de mi mano libre, la pantalla de mi teléfono brilla con una intensidad azulada. No me voy a ninguna parte. No voy a dejarla sola después de verla romperse en ese as