AURA.
Él me empuja suavemente hacia el exterior. Su amenaza resuena en el aire frío: "podrías terminar muy expuesta... y muy cautiva."
No tengo tiempo para responder. Me guía hacia un vehículo de lujo, que intuyo que debe ser su auto personal, no el de chofer. La puerta se abre.
Subo, y él rodea el auto para sentarse al volante. El espacio reducido se convierte en un horno de tensión. El olor de su colonia, un perfume complejo y amaderado, me envuelve, mezclándose con el leve aroma de mi propio miedo y excitación.
Él arranca, y el silencio se extiende por la carretera oscura.
No puedo soportarlo. Giro mi cuerpo para mirarlo. La luz del tablero ilumina tenuemente la línea firme de su mandíbula.
—Christopher... sé que no es momento, pero debo preguntar algo más.
Él mantiene los ojos en la carretera, su perfil es de una concentración absoluta.
—¿Tu vida amorosa, Christopher? ¿Existe tal cosa? ¿O es una sala de juntas más en tu vida?
Él suelta una risa corta, sin alegría, que me eriza la