AURA.
Él me empuja suavemente hacia el exterior. Su amenaza resuena en el aire frío: "podrías terminar muy expuesta... y muy cautiva."
No tengo tiempo para responder. Me guía hacia un vehículo de lujo, que intuyo que debe ser su auto personal, no el de chofer. La puerta se abre.
Subo, y él rodea el auto para sentarse al volante. El espacio reducido se convierte en un horno de tensión. El olor de su colonia, un perfume complejo y amaderado, me envuelve, mezclándose con el leve aroma de mi propio