AURA.
Sus palabras me golpean con una fuerza física. Me quedo paralizada por un segundo, sintiendo el calor de su confesión sexual mezclado con el peligro de su furia. Es una combinación devastadora.
El rostro de Christopher, iluminado por la luz del auto, es una advertencia final. No hay juego en sus ojos, solo una promesa brutal.
Doy un paso atrás, mi mente grita que tengo que alejarme de ese peligro inminente. Me doy la vuelta y huyo. Corro hacia el portal de mi edificio, mis tacones repiquetean en el pavimento. Saco la llave con manos temblorosas y me encierro dentro, sin atreverme a mirar atrás.
Solo cuando estoy segura en la oscuridad del lobby, pegada a la pared, me permito respirar. El rugido del motor del Bugatti se aleja en la calle, y sé que, aunque el auto se haya ido, el villano me ha dejado marcada.
Entro a mi casa. Corro las escaleras hasta mi habitación. Abro la puerta con una sacudida, la cierro de golpe y me apoyo contra ella, jadeando. El silencio de mi hogar es un