AURA.
Conduzco mi auto con las manos apretadas al volante, el corazón golpeándome contra las costillas. Tras el enfrentamiento con Chloe, lo último que necesitaba era una llamada del detective pidiéndome una reunión urgente. He pasado dos días fingiendo que solo me importa el reportaje, ocultando mi verdadera misión, pero la presión está empezando a pasarme factura.
Me detengo frente a un restaurante italiano de techos bajos y luz tenue. Entro con las piernas temblorosas y veo al detective al fondo, en una mesa apartada. Me siento frente a él sin quitarme el abrigo; mi mente sigue en el trabajo, en la editorial, y en el vacío que ha dejado Christopher estos días.
—Gracias por venir, Aura —dice él mientras el camarero se acerca—. ¿Cómo va ese reportaje? ¿Alguna novedad de Jones?
Pido una copa de vino tinto casi por instinto. Necesito algo que me baje las pulsaciones. En cuanto el camarero se retira, el detective se inclina hacia adelante, bajando el tono de voz.
—Tengo noticias que van