CRHIS.
Han pasado dos días. Cuarenta y ocho horas desde que dejé a Roth encadenado a su propia miseria, pudriéndose lentamente en la oscuridad de esa cabaña mientras las ratas empiezan a impacientarse. El silencio de ese lugar es el único que me da paz, pero aquí, en la cima de mi edificio en Liverpool, tengo que interpretar el papel de mi vida.
He desplegado una cortina de humo perfecta. He contratado a un detective privado, un tipo llamado Vargas que sabe exactamente cuándo mirar hacia otro lado. Mis órdenes para él fueron claras: "Muévete, haz ruido, interroga a quien debas, pero no encuentres absolutamente nada". Necesito que el mundo vea a un Christopher Jones preocupado por la "desaparición" de su tío, un hombre de negocios que busca a su familiar mientras, por dentro, cuento los segundos de agonía que le quedan a esa rata.
Pero los negocios no se detienen ante la desaparición de una rata. Mi imperio exige atención y el lanzamiento de mi nueva creación, "La Fragancia del Villano