CRHIS..
El vapor todavía se aferra a los azulejos del baño. Acabamos de terminar de ducharnos —y de follar bajo el agua caliente—, y ahora estamos de vuelta en la habitación, organizándonos para vestirnos. La energía entre nosotros sigue siendo densa, palpable, pero hay una tensión ligera, el recordatorio de que la vida real espera fuera de estas paredes.
Me abrocho la camisa, y la miro mientras se pone su vestido, su silueta delineada por la luz de la mañana.
—¿Qué piensas hacer este domingo?