CRHIS
—Eres una locura, Aura —susurro.
La beso con una urgencia brutal, silenciando cualquier otra palabra que pudiera decir. Este beso es posesivo, un reclamo que borra el recuerdo de Liam y el aliento de Thorne. Ella gime en mi boca, y mi respuesta es presionarla más fuerte contra mí.
Sin romper el beso, la levanto de golpe. Ella sujeta mis hombros con fuerza, sus piernas se enrollan instintivamente alrededor de mi cintura.
Con Aura pegada a mi cuerpo, la llevo al dormitorio principal. No necesito mirar dónde voy; la habitación es un santuario oscuro y lujoso, con otra vista impresionante de la ciudad. El único camino ahora es el de la rendición total. La puerta se cierra detrás de nosotros con un sonido definitivo.
Apenas entro, me dirijo a la cama. La arrojo sobre el colchón con una fuerza controlada, pero con la urgencia que nos consume. Ella aterriza con un jadeo, su cabello cobrizo extendiéndose sobre las sábanas de seda oscura.
Me separo de ella. El aire en la habitación está