CHRIS
Cuando finalmente nos separamos, ambos estamos jadeando, con la música vibrando alrededor. Aura tiene los ojos cerrados, y sus labios están húmedos y ligeramente hinchados.
—Esto... —susurra, incapaz de formular una frase completa.
La bajo lentamente, pero sin soltar su cintura.
—Sácame de aquí —dice ella, con una urgencia que no admite réplicas. Su mirada es de rendición total, pero no de debilidad, sino de alguien que ha tomado una decisión vital.
La miro, midiendo el riesgo. Necesito saber si esto es solo el tequila y el desahogo de la ruptura.
—¿Estás segura? —le pregunto, mi voz es grave—. No quiero que te arrepientas al amanecer, Aura. Esto es un incendio, no un negocio.
Ella me toma del rostro con ambas manos. Sus dedos están fríos, pero su piel quema.
—No voy a arrepentirme —me asegura, y su voz es clara a pesar de la respiración agitada—. Esto... esto lo vengo soñando desde que te conocí, Christopher. Desde la primera vez que entré a tu oficina, desde que sentí que eras