AURA.
Me quedo plantada en medio de la suntuosa sala, sola de nuevo frente a la chimenea. La energía de Christopher ha desaparecido con la misma velocidad con la que me estaba a punto de devorar.
Me llevo una mano al cuello y la otra al pecho, sintiendo el calor que irradia mi cuerpo. Me abanico desesperadamente con la mano, intentando calmar el torrente sanguíneo. El momento fue demasiado intenso. El recuerdo de sus palabras, del deseo que prometió y del que no podré escapar, me ha dejado las