CHRIS.
Es Marcus Thorner.
Lleva la misma chaqueta de cuero desgastada y esa mirada de perro de caza que no ha dormido en días. Se ve desaliñado, con una furia contenida que parece emanar de sus poros. El hecho de que esté aquí, en mi oficina, saltándose toda la seguridad del edificio, solo significa una cosa: ya sabe que su carrera ha terminado.
—Fuera —le digo a mi secretaria sin quitarle los ojos de encima al detective. Ella sale disparada, cerrando la puerta tras de sí.
Me quedo de pie, detr