AURA.
La semana pasa volando, consumida por la frenética carrera. Tuve que lidiar con la furia silenciosa de Lyam, quien me exigió explicaciones que no le di; simplemente le aseguré que Jones era un maniático protector de las mujeres. Pasé el resto de mis horas puliendo la propuesta del "Ancla Anual" y escribiendo el artículo inicial sobre El Perfume del Villano. Mi mente estaba, sin embargo, fija en la cita con Christopher Jones en su casa.
Verónica, su asistente, me envió un correo electrónic