El tercer día del juicio penal unificado amaneció con una expectación que rozaba el colapso mediático. Los gritos desquiciados que Lysandra había lanzado el día anterior habían sepultado cualquier intento de su defensa por salvarla. La opinión pública ya la había condenado en las calles, pero el tribunal aún debía escuchar el testimonio más esperado del proceso. El mío.
—Se llama a testificar a la señora Vanesa Hayes de Knight —anunció el secretario del tribunal.
El eco de mi nombre resonó en l