La mañana amaneció gris y fría, pero dentro de la mansión Knight, el bullicio de los preparativos llenaba cada rincón. La ceremonia sería pequeña, íntima, solo para cumplir con el contrato. Pero cuando llegué al salón donde se celebraría la boda, el corazón se me detuvo.
Rowan lo había preparado todo con un cuidado que no esperaba.
Flores blancas cubrían cada superficie, y en el centro de la sala, una mesa redonda lucía un pastel de tres pisos. Pero no era un pastel cualquiera. Era un crucero.