La mansión se había sumido en un silencio profundo. Los niños dormían en sus habitaciones, los invitados se habían ido, y el eco de la celebración se desvanecía lentamente entre los pasillos de mármol.
Yo estaba de pie frente al espejo de mi nueva habitación, con el vestido de novia aún puesto, sintiendo que el peso del día se asentaba sobre mis hombros. Había sido una boda de conveniencia. Un contrato. Nada más.
Pero el beso de Rowan seguía quemando en mis labios.
Un golpe suave en la puerta m