La noche era densa y húmeda cuando Agustín López aparcó su coche destartalado a dos calles de la mansión Knight. Desde allí, la imponente estructura de piedra clara se veía como un castillo inalcanzable, un mundo de lujo que le había sido negado durante toda su vida.
Y sin embargo, su hijo vivía allí.
Agustín encendió un cigarrillo y exhaló el humo lentamente, con los ojos fijos en las ventanas iluminadas del segundo piso. Había estado vigilando la mansión durante tres días. Había visto a Eric