La pregunta de Rowan seguía suspendida en el aire entre nosotros, pesada como una losa. Sus ojos verdes, tan intensos, tan vulnerables en ese instante, no se apartaban de los míos.
—Dime la verdad, Vanesa. ¿Es mi hijo?
Sentí que las palabras se me atascaban en la garganta. Cinco años. Cinco años guardando este secreto. Cinco años protegiendo a Alessandro del mundo que ahora se cernía sobre nosotros.
—Sí —susurré, y mi voz se quebró como un hilo—. Alessandro es tu hijo.
Rowan no se movió. No hab