El olor a azahar me golpeó apenas entré al taller de perfumería, y tuve que sostenerme del borde de la mesa de trabajo para no caer.
—¿Vanesa? —Ingrid dejó el frasco que sostenía y se acercó, alarmada—. Estás pálida.
—Es solo el calor —mentí, apretando los ojos hasta que el mundo dejó de girar—. Llevamos tres días encerradas oliendo esencias. Cualquiera se marea.
No era del todo mentira. Desde que empezamos a formular la nueva línea para el lanzamiento de otoño, mi cuerpo parecía haber declarad