Beatriz me esperaba en la puerta de mi habitación con las manos entrelazadas sobre el delantal y una expresión que no le conocía. En tantos años trabajando para esta familia, jamás la había visto tan nerviosa.
—Señora Vanesa, necesito hablar con usted. A solas.
Algo en su voz me heló la sangre. La hice pasar y cerré la puerta.
—Estaba ordenando el clóset del señorito Eric, cambiando las sábanas de invierno como cada año... —Beatriz respiraba con dificultad, como si hubiera subido corriendo las