El sol de la mañana se filtraba a través de los árboles del jardín secreto, pintando el claro de tonos dorados y verdes. Las flores "Luna de Medianoche" se mecían suavemente con la brisa, y el perfume de mi madre llenaba el aire como un abrazo eterno.
Alessandro había llegado la noche anterior, y apenas había podido dormir. La emoción de volver al jardín, de ver a su tío Víctor y a su tía Luna, y sobre todo, de reencontrarse con Violeta, lo mantenía despierto.
Ahora, caminaba entre los árboles,