Capítulo 23. La cicatriz está en la mejilla izquierda.
Alina retrocedió un paso, con la espalda pegada a la pared. El cuchillo en su mano se sentía resbaladizo por el sudor frío en la palma.
—¿Quién eres? —su voz tembló, pero intentó sonar firme.
La sombra detrás de la cortina se movió, y aquella voz volvió, baja y tranquila:
—Si sigues gritando, sabrán que estoy aquí. Y eso… acelerará tu muerte.
El corazón de Alina latía con fuerza.
—¡Vete! ¡No necesito tu ayuda!
—No estoy aquí para ayudarte —replicó él, con tono plano—. Estoy aquí… para asegurarm