Cassian
Odio estar lejos del castillo.
No por la nieve que cubre el camino hasta las montañas del norte, ni por el viento que golpea las ventanas del carruaje como si quisiera arrancarlas. Tampoco por esta desdichada cena diplomática a la que debo asistir porque soy el rey y los reyes no tienen el lujo de desaparecer cuando el reino exige una cara fría al frente de la mesa.
Lo odio porque Génesis no está aquí.
Y porque, aunque deje el castillo protegido hasta los colmillos, una parte de mí sigu