Cassian
—Ya no vienen solo por el heredero, Génesis. Ahora vienen por ti.
La frase queda entre nosotros como un filo desnudo.
Ella no responde de inmediato. Tiene el cuchillo todavía en la mano, el brazo vendado, el cabello un poco suelto y los ojos clavados en el trozo de tela ensangrentado que sostengo frente a ella. Su tela. Su color. Su olor mezclado con sangre ajena y bosque húmedo.
La reacción no tarda.
No es un grito.
No es llanto.
Es peor.
Veo cómo se le endurece la respiración, cómo la