Génesis
No duermo bien.
No por el dolor. Esta vez no.
Duermo mal porque mi cabeza no deja de repetir la misma escena una y otra vez: Cassian al final del corredor, sus ojos clavados en mí, la forma en que dijo que el niño también lo sentía a él, la promesa de que hoy saldría de esta ala.
Cada vez que cierro los ojos, vuelvo a escuchar su voz.
No voy a permitir que vuelvas a sangrar.
Odio que esa frase me siga dando vueltas en la cabeza.
Odio más que una parte de mí quiera creerle.
Me giro en la