Génesis
Helena me despierta antes del amanecer.
No toca la puerta como una persona normal. Simplemente entra, corre las cortinas y deja que la luz gris del día invada la habitación como si también ella obedeciera órdenes de Cassian.
—Levántese —dice—. Hoy no puede demorarse.
Abro los ojos con desgano. He dormido mal. Otra vez. Desde que sentí aquel latido imposible dentro de mí, mi cuerpo ya no descansa de verdad. Cierro los ojos y sigo sintiendo esa vibración profunda en el vientre, como si al