Génesis
Ahora lo entiendo.
No ha venido a conocerme.
Ha venido a medir a su amenaza.
—Entonces felicidades —digo—. Espero que el reino tenga habitaciones cómodas para sus partes.
Helena deja de respirar. Literalmente. Lo noto por el pequeño silencio abrupto a mi espalda.
Selene sonríe, pero sus ojos se vuelven más fríos.
—Cassian, tu humana tiene colmillos sin tenerlos.
—No soy su humana —digo antes de que él abra la boca.
Selene inclina la cabeza.
—No todavía.
La frase me golpea raro. Sucia. C