Cassian
No debí decir nuestro.
La palabra sale sola, sin cálculo, y en el instante en que la veo golpear a Génesis entiendo el error.
Ella se queda quieta frente a mí, con ambas manos sobre el vientre y los ojos muy abiertos. No por ternura. No por emoción. Por miedo. Por esa clase de miedo que nace cuando el cuerpo confirma una verdad que la cabeza todavía quiere negar.
—No vuelvas a decir eso —susurra.
Su voz está rota.
Yo debería corregirme. Decirle que hablo del vínculo biológico. Del embar