Genesis
Esa idea se instala en mi pecho con el peso de una piedra.
—Tenemos que volver al castillo ahora mismo —dice Cassian.
Isolde asiente sin discutir.
—Sí.
No esperaba que ella aceptara tan rápido. La miro. Tiene la mandíbula tensa, la mirada fija en Klaus, y sé que en su cabeza ya está uniendo piezas más deprisa que nosotros.
—¿Qué piensas? —pregunto.
Isolde tarda solo un segundo.
—Que la distancia empeora algo que ya no deberíamos seguir probando. —Me mira a mí, no a Cassian—. No es solo