Después de la sorpresa que me dio Adam con nuestro viaje a París, volvimos a Irlanda en el avión privado de mi padrino, cuando el avión aterrizó y bajamos por las escaleras, lo primero que vimos en la pista de aterrizaje fue la limusina y el chofer con la puerta abierta sonriendo mientras nos acercabamos al vehículo
— Felicidades señores O”Brien y bienvenidos a casa — nos dijo
Le dimos las gracias sentandonos dentro del vehículo, arrancando el chofer cuando se sentó en el asiento del conductor.