Si alguien pregunta cuánto tiempo permanecen inamovibles y en silencio es más que seguro que ninguno de ellos podría dar una respuesta exacta. Pues mientras Franco continúa con la espalda pegada a la puerta, sin mover un solo músculo. Siena tiene la mirada fija en él, buscando cualquier rastro en su mirada que le confirme que aquellas palabras no son más que otra de sus bromas pesadas. Pero, por más que lo intenta, no encuentra ningún rastro de burla en sus ojos ni en sus palabras. No encuentra