Franco camina de un lado a otro de la habitación como si fuera un león enjaulado, y es que pareciera que mantenerse en movimiento lo ayuda a quejarse con más comodidad. Al comienzo de su drama, Siena le pidió que bajara la voz pues sus vecinos no necesitan enterarse de su arranque emocional, pero después de la sexta vez de repetírtelo simplemente lo dejó estar, ya tienen bien aprendido que él necesita quejarse a viva voz para que el mundo entero sea testigo de su indignación.
—No lo puedo creer