Siena permanece inmóvil, con su mano aún atrapada entre la de Franco, mirándolo fijamente a los ojos. Y es que su pregunta es tan simple como devastadora. Solamente él era capaz de abrir esa grieta en su alma que ella lleva conteniendo por tanto tiempo. Su mente recorre con una velocidad inhumana los pasillos de su memoria hasta llegar a ese libro que contiene su historia y sin permiso algunos, comienza a pasar página tras página de recuerdos, mismos que llegó a convencerse estaban enterrados