Tan pronto como entran en la habitación, Siena se quita los tacones y camina con pasos presurosos hacia la cama dejándose caer sobre esta como un peso muerto. En ese preciso momento no se preocupa por la postura, ni por el vestido, ni por nada. Simplemente se deja ir, como si en ese colchón pudiera soltar, por fin, todo lo que ha estado sosteniendo durante esos últimos días. El aire abandona sus pulmones en un suspiro largo, profundo… uno que no arrastra fuera de ella toda la atención acumulada