—¿Está allí? —pregunta Skye por milésima vez mientras se muere de nervios.
Siena se acerca a ella sosteniendo el ramo de rosas y mientras le sonríe, le aparta un cabello solitario y rebelde que se niega a quedarse en su lugar.
—Está allí —asegura mientras le mantiene la mirada—, está esperando por ti, y estoy segura de que no hay nada que lo haga moverse de ese altar si no es contigo.
Ante esa respuesta, Skye mira a Siena y asiente suavemente mientras deja escapar un suspiro largo. Alexander le