—¡Vicky!
Y como si sus palabras fueran un conjuro, poco después de avisar de su llegada, Siena cruza la puerta de la habitación con el apuro normal de una madre preocupada por su hija.
Su mirada y la de Victoria apenas si se cruzan por un momento antes de que esta se coloque de pie y le ceda su lugar en la cama. Siena no duda en acercarse con pasos presurosos y, después de musitar un ligero “gracias", se sienta en el lugar que antes ocupaba Kirsteen. Al notar que Victoria está despierta, coloc