El sótano de la cabaña era un espacio angosto que olía a tierra húmeda y olvido. Desde abajo, el sonido de las botas sobre el suelo de madera de la planta superior sonaba como una sentencia de muerte. Escuché la puerta principal abrirse de un golpe y la voz de mi padre, Viktor, resonando con una frialdad absoluta.
—Sal de donde estés, Nikolai. Ya no tienes ejército. Solo te queda esa doctora y un cuerpo que se desangra.
Nikolai no respondió con palabras. El primer disparo retumbó directamente s