El frío de las Tierras del Norte era distinto al de la manada de Silas. Aquí, el aire no pesaba con el aroma de la s@ngre y la sumisión, sino con el olor a pino viejo y libertad. Selene corrió durante días en su forma de loba blanca, dejando atrás el rastro de cenizas que su poder había provocado. A mil kilómetros de distancia de las celdas de Silas, finalmente sintió que el nudo en su garganta se desataba.
Pero la soledad no duró mucho.
Al llegar a las faldas de la Gran Montaña de Obsidiana, S