Las primeras luces del sol se deslizaron sobre las montañas que rodeaban la Manada Luna de Plata, pintando el cielo de tonos naranja, rosa y oro. Las murallas reconstruidas brillaban con un resplandor plateado, y el aire estaba lleno del aroma de hierba fresca y madera quemada —un eco de las batallas pasadas y la esperanza del futuro. Yo me sentaba en la terraza del castillo, con Luna, ahora un lobo adulto y leal, acurrucado a mis pies, mientras revisaba los informes de la alianza de manadas qu