Las primeras luces del sol iluminaron las murallas reconstruidas de la Manada Luna de Plata, donde los lobos trabajaban con energía renovada. Después de derrotar a Zara, la calma había regresado, pero yo sabía que el legado de Kael y la amenaza de fuerzas desconocidas seguían latentes. Me sentaba en la terraza del castillo, con Luna —ahora un lobo joven y fuerte— acurrucada a mis pies, mientras revisaba los informes de reconstrucción que Leo me había entregado.
«Lira», dijo Leo, acercándose con