El salón de baile era una pecera de cristal llena de tiburones vestidos de etiqueta. Nikolai caminaba a mi lado con una arrogancia gélida, su mano posesiva en mi cintura enviando un mensaje claro a todos los presentes: ella es intocable.
—Mantén la cabeza alta, Elena —susurró cerca de mi oído mientras saludaba con un leve asentimiento a varios empresarios—. Eres la mujer más poderosa de esta sala, porque eres la única que no tiene que fingir.
Sterling se acercó a nosotros, forzando una sonrisa